Relato: Tukuloa

Bueno, una de las cosas que quiero meter en el blog son los relatos que tengo por ahí desperdigados.

Uno de ellos, ha sido recientemente públicado por la editorial Saco de Huesos, en un recopilatorio de algunos cuentos del concurso “Monstruos de la Razón I”

http://www.sacodehuesos.com/aquelarre/monstruos-de-la-razon-1.html

Adjunto las dos versiones del relato, siendo la enviada y publicada, la segunda.

TUKULOA 2

Día 58

Querida Dafne:

No puedo imaginarme un lugar del mundo donde haga más calor que en África. Es húmedo y pegajoso, y no desaparece ni siquiera durante la noche.  Como un vampiro que se alimenta de tu energía y te deja exhausto.

Como ya he apuntado en estas hojas durante estos dos meses, estoy desorientado. Cuando empezó esta expedición, tenía las ideas muy claras: un grupo de ricos turistas había desaparecido en la selva y el gobierno de turno de este pequeño país no parecía obtener resultados. Así que, la adinerada familia de uno de los desaparecidos había organizado su propia expedición de rescate. Una veintena de individuos de lo más variopinto acudimos al sonido del dinero: ex-soldados, cazadores… tipos capaces de desayunarse un león y tener estómago para cenarse un leopardo. Pero tras dos meses, no quedábamos veinte. Uno había muerto debido a mordeduras de serpiente, cuatro estaban hospitalizados por un accidente con el jeep y dos había abandonado la expedición por estar “maldita”.

Quedamos trece. No soy supersticioso pero es mal número.

Día 60

Hoy hemos encontrado restos de un jeep y parece coincidir con uno de los tres Land Rover que llevaban los desaparecidos . No tenemos datos que arrojen luz sobre esta situación. Ayer encontramos un pequeña aldea y desoyendo las recomendaciones de los exploradores sobre la ferocidad de los indígenas, nos acercamos con el ánimo de conseguir algo de información a cambio de unas baratijas. Me ofrecí voluntario para formar parte de la avanzadilla. La aldea era realmente grande y estaba situada en un pequeño valle. Con precaución nos acercamos para encontrarnos con que la aldea estaba prácticamente deshabitada. Al parecer sólo quedaban unos pocos ancianos que se resguardaron en las cabañas. Uno de los exploradores, un alemán cuyo nombre no consigo pronunciar, se puso nervioso con tanto silencio. Le escuché maldecir en su lengua natal y después en un inglés con marcado acento, decir algo sobre esos “malditos Neanthertales”. Los nativos empezaron a gritar algo así como “Tukuloa” y los nervios de Herman, como secretamente le bauticé, parecía a punto de romperse. Avanzamos hasta el centro del poblado chapurreando las distintas palabras que conocíamos en los dialectos de la zona. No conseguimos ninguna respuesta, excepto el continuo “Tukuloa” que parecía martillearnos los tímpanos.

En el centro del poblado encontramos un tótem rodeado de cráneos. “¡Caníbales!” dijo Herman con un entrecortado sollozo. La verdad es que notaba cada vez más fuerte el temblor de mis rodillas y cómo las sienes me zumbaban debido al martilleo de mi corazón. Justo en ese momento surgió de una de las cabañas un hombre mayor, casi un esqueleto andante que nos señalo y gritó por encima del estrépito “¡TUKULOA!”. Fue demasiado para el alemán. Con los nervios destrozados disparó hacia el anciano. Todo sucedió muy rápido. No sé si le mató o no, pero le alcanzó en el pecho y el anciano cayó dentro de la cabaña. El griterío ensordecedor desapareció. Otro de nuestros compañeros, más entero sin duda, recogió los cuatro cráneos y empezó a gritar que saliésemos de allí. Temblorosos y con las pistolas desenfundadas salimos de aquel reducto del infierno.

Al llegar, el jefe de la expedición, al que todos llaman “El Viejo” nos felicitó y celebramos el fin del viaje con un poco de brandy. Cuando casi me había recuperado del susto gracias a unos cuantos tragos de alcohol, el viejo me miró con esos ojos grises que parecen sacarte las entrañas cuando se enfurece y me preguntó qué creía yo que significaba “Tukuloa”.

Me encogí de hombros y le dije que esperaba que no significase comida. La broma no tenía gracia y nadie se rió. Desde luego el viejo sabe como estropear una buena borrachera.

Día 61

Toda nuestra alegría de ayer, se ha transformado en decepción. El médico de la expedición, al que todo el mundo llama Doc,  aunque no estoy seguro de que haya pisado alguna vez una Facultad de Medicina, dice que los cráneos no son de los que buscamos. Según él, no pertenecen a hombres caucásicos, y llevan varios años sin carne. Manipulándolos con la misma confianza que un cocinero sus cacharros, agarró por las fosas uno de los cráneos y nos mostró un agujero.

– Observad los bordes. Si de verdad fuesen recientes los bordes serían más claros que el resto del cráneo. Os habéis confundido de cabeza.

Y lo dijo todo con una sonrisa, como quien habla de tomar café al lado del trabajo.

El Viejo se cabreó.

Sobretodo con Herman y conmigo, como si tuviésemos la culpa…

Día 65

Diría que hemos tenido suerte… pero no me atrevo. Hemos encontrado los restos del grupo que buscábamos. Por supuesto,  estaban muertos. Lo imaginábamos desde el principio. No puedo decir que no se lo mereciesen. Nadie nos había dicho qué hacían en un safari en este lugar olvidado. Los dos todo terreno estaban acribillados  por jabalinas y flechas, y los cuerpos los pudimos identificar por lo que quedaba de ropa y alguna joya. Los salvajes no los habían tocado, se habían limitado a matarlos como a perros rabiosos. El resto lo habían hecho las bestias. Ni siquiera habían retirado los trofeos del siniestro deporte que practicaban los “civilizados” hombres blancos: la caza de nativos. Me sentía mareado, con ganas de vomitar.

Entonces nos llegó un rumor lejano, como si lo centenares de gargantas lo gritasen a kilómetros de distancia… “¡Tukuloa! “

Dia 70

Llevo varios días sin dormir. El sonido nos persigue sin que veamos a uno sólo de nuestros hostigadores. Herman se pasa el día entero temblando y lloriqueando.

El Viejo me ha vuelto a preguntar qué creo que significa Tukuloa.

No he  podido evitar la respuesta.

Demonio.

Estimada Srta. Dafne Lawson:

Adjuntamos los restos del diario de su tristemente desaparecido prometido, Thomas Carlyte. A pesar de no haber encontrado ningún cadáver, las anotaciones en él contenidas y las numerosas manchas de sangre halladas en  el diario no hacen si no confirmar lo que todos hemos temido durante estos diez años de búsqueda infructuosa.

Nuevamente, deseamos expresarle nuestras condolencias.

Atentamente

Arthur Gordon

Gordon & Co. Ltd.

TUKULOA

Día 58

Querida Dafne:

No puedo imaginarme un lugar del Universo donde haga más calor que en Aprime. Es húmedo y pegajoso, y no desaparece ni siquiera durante la noche.  Como un vampiro que se alimenta de tu energía y te deja exhausto.

Como ya he apuntado en estas capsulas de datos  durante estos dos meses, estoy desorientado. Cuando empezó esta expedición, tenía las ideas muy claras: un grupo de ricos turistas había desaparecido en el planeta y el gobierno de turno de este pequeño mundo no parecía obtener resultados. Así que, la adinerada familia de uno de los desaparecidos había organizado su propia expedición de rescate. Una veintena de individuos de lo más variopinto acudimos al sonido del dinero: ex-soldados, cazadores… tipos capaces de desayunarse un neoleón y tener estómago para cenarse un cy-leopard. Pero tras dos meses, no quedábamos los veinte. Uno había muerto debido a mordeduras de serpientes, cuatro estaban hospitalizados por un accidente con el jeep y dos había abandonado la expedición por estar “maldita”.

Quedamos trece. No soy supersticioso pero es mal número.

Día 60

Hoy hemos encontrado restos de un jeep y parece coincidir con uno de los tres que llevaban los desaparecidos. Todo sería más rápido si los scanners funcionasen en esta maldito lugar. No tenemos datos que arrojen luz sobre esta situación. Ayer encontramos un pequeña aldea y desoyendo las recomendaciones de los exploradores sobre la ferocidad de los indígenas, nos acercamos con el ánimo de conseguir algo de información a cambio de unas baratijas. Me ofrecí voluntario para formar parte de la avanzadilla. La aldea era realmente grande y estaba situada en un pequeño valle. Con precaución nos acercamos para encontrarnos con que la aldea estaba prácticamente deshabitada. Al parecer sólo quedaban unos pocos ancianos que se resguardaron en las cabañas. Uno de los exploradores, un alemán cuyo nombre no consigo pronunciar, se puso nervioso con tanto silencio. Le escuché maldecir en su lengua natal y después en un inglés con marcado acento, decir algo sobre esos “malditos Neanthertales”. Los nativos empezaron a gritar algo así como “Tukuloa” y los nervios de Herman, como secretamente le bauticé, parecían a punto de romperse. Avanzamos hasta el centro del poblado chapurreando las distintas palabras que conocíamos en los dialectos de la zona. No conseguimos ninguna respuesta, excepto el continuo “Tukuloa” que parecía martillearnos los tímpanos.

En el centro del poblado encontramos un tótem rodeado de cráneos. “¡Caníbales!” dijo Herman con un entrecortado sollozo. La verdad es que notaba cada vez más fuerte el temblor de mis rodillas y cómo las sienes me zumbaban debido al martilleo de mi corazón. Justo en ese momento surgió de una de las cabañas un hombre mayor, casi un esqueleto andante que nos señalo y gritó por encima del estrépito “¡TUKULOA!”. Fue demasiado para el alemán. Con los nervios destrozados disparó hacia el anciano. Todo sucedió muy rápido. No sé si le mató o no, pero le alcanzó en el pecho y el anciano cayó dentro de la cabaña. El griterío ensordecedor desapareció. Otro de nuestros compañeros, más entero sin duda, recogió los cuatro cráneos y empezó a gritar que saliésemos de allí. Temblorosos y con las pistolas desenfundadas salimos de aquel reducto del infierno.

Al llegar, el jefe de la expedición, al que todos llaman “El Viejo” nos felicitó y celebramos el fin del viaje con un poco de brandy. Cuando casi me había recuperado del susto gracias a unos cuantos tragos de alcohol, el viejo me miró con esos ojos grises que parecen sacarte las entrañas cuando se enfurece y me preguntó qué creía yo que significaba “Tukuloa”.

Me encogí de hombros y le dije que esperaba que no significase comida. La broma no tenía gracia y nadie se rió. Desde luego el viejo sabe como estropear una buena borrachera.

Día 61

Toda nuestra alegría de ayer, se ha transformado en decepción. El médico de la expedición, al que todo el mundo llama Doc,  aunque no estoy seguro de que haya visitado alguna vez un Aula Virtual de Medicina, dice que los cráneos no son de los que buscamos. Según él, no pertenecen a terráqueos, y llevan varios años sin carne. Manipulándolos con la misma confianza que un cocinero sus cacharros, agarró por las fosas uno de los cráneos y nos mostró un agujero.

– Observad los bordes. Si de verdad fuesen recientes los bordes serían más claros que el resto del cráneo. Os habéis confundido de cabeza.

Y lo dijo todo con una sonrisa, como quien habla de tomar café al lado del trabajo.

El Viejo se cabreó.

Sobretodo con Herman y conmigo, como si tuviésemos la culpa…

Día 65

Diría que hemos tenido suerte… pero no me atrevo. Hemos encontrado los restos del grupo que buscábamos. Por supuesto,  estaban muertos. Lo imaginábamos desde el principio. No puedo decir que no se lo mereciesen. Nadie nos había dicho qué hacían en un safari en este lugar olvidado. Los dos todo terreno estaban acribillados  por jabalinas y flechas, y los cuerpos los pudimos identificar por lo que quedaba de ropa y alguna joya. Los salvajes no los habían tocado, se habían limitado a matarlos como a perros rabiosos. El resto lo habían hecho las bestias. Ni siquiera habían retirado los trofeos del siniestro deporte que practicaban los “civilizados” hombres de la Tierra: la caza de nativos. Me sentía mareado, con ganas de vomitar.

Entonces nos llegó un rumor lejano, como si lo centenares de gargantas lo gritasen a kilómetros de distancia… “¡Tukuloa! “

Dia 70

Llevo varios días sin dormir. El sonido nos persigue sin que veamos a uno sólo de nuestros hostigadores. Herman se pasa el día entero temblando y lloriqueando.

El Viejo me ha vuelto a preguntar qué creo que significa Tukuloa.

No he  podido evitar la respuesta.

Demonio.

Estimada Srta. Dafne Lawson:

Adjuntamos los restos de la datacapsulas del diario de su tristemente desaparecido prometido, Thomas Carlyte. A pesar de no haber encontrado ningún cadáver, las anotaciones en él contenidas y las numerosas manchas de sangre halladas  no hacen si no confirmar lo que todos hemos temido durante estos diez años de búsqueda infructuosa.

Nuevamente, deseamos expresarle nuestras condolencias.

Atentamente

Arthur Gordon

Gordon & Pym. Ltd.

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